
Esta entrada nada tiene que ver con la nacionalidad del volante de Liverpool. Ni tampoco con La Masía, pero me sirven de contexto. La mejor escuela de fútbol del mundo no puede ser vendida en serie, no forma parte de la lógica capitalista pura pero funciona como modelo. En Argentina copiar esa organización de un club de fútbol es algo verosímil lo que no quiere decir que esto lleve a jugar como Barcelona. Pero sin embargo se elevaría el nivel de juego, porque si los chicos de inferiores se insertan en un sistema que conocen y éste se mantiene en el tiempo, es más fácil saber qué hacer dentro del campo y cómo. Con este simple cambio –que todos los equipos definan su estilo desde los dirigentes estableciéndolo en todas sus categorías, incluso la primera, respetando posiciones y características- haría de los torneos nacionales algo más vistoso.
Las características individuales de los protagonistas del Fútbol Para Todos es bueno, con rasgos propios y mucha proyección pero tácticamente se marean. La cosa es correr como loco, presionar, evitar equivocarse , evitar que el rival juego y no perder: ninguna de estas características respeta las intensiones que plantea el reglamento del juego.
Por eso se ven partidos chatos, horribles, sin espacios, con pocos goles y muy ordinarios. Incluso esto contaminó el juego de La Selección, que teniendo al mejor jugador del mundo, los tres mosqueteros, los siete enanitos, los príncipes de todas las fábulas, Batman y Robin, y alguno más no puede jugar finales, y todos los partidos importantes le indican la puerta de salida a un técnico. La AFA tampoco tiene un plan de vuelvo vertical, ni horizontal, y no forma a sus jugadores para que jueguen en la selección.
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