Parecían los desfachatados, pero algunos tenían pinta. Otros, solo caripelas. Venían bajando, como un yunta, eran una yunta, eso eran. Pero una yunta humana entremezclada con ponis.
-En lo del gordo Leopoldo -Dijo, Aníbal-. Enfrente de lo de los pibes.
-Listo, paso por vos y vamos –respondió el Indio-.
Los pibes eran dos, y un par de primos. Ahora son tres con tres hijos y cerca de nueve primos. El tiempo lo dijo todo, pero algunos se miraron raro, finalmente el tiempo venció. Y Leopoldo era como de la familia, la historia es más compleja de lo que dicen y más simple de lo que parece, pero es una Historia. Entonces, ya eran tres (los dos pibes y el gordo), más otros dos y algunos tres, tres más, y los primos. Resultado: cómo 14. Y los ponis: 10, pero son mujeres así que, sacando los titulares, los suplentes rotan.
Entonces, como mucho 25 personas caminando, trotando y corriendo; saltando y tirándose al piso; y destruyendo todo a su paso entre una serie de golpes, epítetos y barbaridades combinadas con alcohol y otras yerbas. De un lado, la ciudad. Del otro, un canal –antes unos árboles- y, cruzando el puente, el centro. Iban hacía al centro desde un barrio pegado al aeropuerto: entonces venía bajando.
La yunta era heterogénea, muy divertida y, como vemos, inconsciente. Se conocían de todos lados: unos por el deporte, otros por la música, otro por la escuela, algunos de la vida, unos menos eran familia, otros del barrio, otros por otros, y otras tanta combinaciones. El prestigio de la misma era dispar, cambiante y feroz, pero claramente reconocible, todos sabían de la yunta. Y no eran populares como grupo, las individualidades hacían al grupo. Todavía se quieren, se ven y se admiran, no les falta tema de charla y diversión, los chiste pasaron la barrera del tiempo, las mujeres también, son “amigos”. Sí se juntan un día del amigo ellos y sus amigos se junta medio pueblo, como pasa en todos los lugares hermosamente chicos, y en otros también.
Como el anterior empezó siendo un párrafo largo y puse música, las cosas cambian. De acá en adelante empieza el vértigo, el drama.
Paula era la novia de Aníbal, éste socio del Indio, y los votos seguros podían ser uno mediterráneo y uno marciano, tal vez uno más, y en un momento sumaron un cadete, un genio gris. Eran la parte adulta de la yunta, hoy son los viejos, los pibes eran rockeros, corteses con la cámara pero un quilombo más atrás. Estas divisiones responden a cierta cuestión etaria no del todo rígida y mucho menos real. Los lazos eran siempre dañinos, rompiendo algo se intensificaban. Y cómo estaban todos juntos, bajaron como La Yunta.