domingo, 30 de octubre de 2011

Fecha 13. El lento camino a un final anunciado*

Recién despierto de la siesta veo en un primer plano a Schiavi -ese central recio y experimentado con voz de perro viejo que capitanea a Boca- frente a un jugador de Atlético Rafaela, ante la mirada legislativa de Lunati, el histriónico árbitro parecido a Popeye (“¿dónde dejaste la canoa?”, le preguntó Walter Nelson durante un partido).

Cuando terminé de lavarme los dientes y sacudirme la modorra iba más de un minuto e inmediatamente después Boca se distrajo y casi empezamos perdiendo. El equipo visitante volvió a presionar en la salida y robo tres de las cuatros primeras pelotas, tuvo partido-revancha y bueno, clara, clarita y se destinó. Y chau, Boca llegó y con el oficio que adquirió junto con los años de sus jugadores empezó ganando. A los 20 ganaba 2 a 0, lo justificaba y tomaba la distancia justa para comandar el campeonato a discreción.

Sería simple para mí hablar de todas las virtudes que tiene o seguir criticando caprichosamente una realidad. Es escribir sobre lo que todos dicen o sobre lo que me molesta. Pero prefiero justificarme.

Boca da vergüenza, pero no por ser ridículo, no necesita mostrar sus características más controvertidas para poder portar el adjetivo. Boca está robando. Y vergüenza es robar, pero robar y que te descubran. Porque si nadie lo sabe es un problema moral y ético, pero no social. Y la vergüenza tiene un significado símbolo, por lo tanto: social.

Tiene un campeonato a favor. Primero porque futbolísticamente supo encontrar regularidad. Empezó con una idea y falló. Y ahí lo primero que se dijo es “Se acabó un ciclo”. Y recién llevaba un partido. El diario Marca título “Hoy se terminó el ciclo del Barcelona” o algo similar hace un tiempo, y pifió y sigue pifiando. Bueno, el primer partido del emperador Julio César de la Rivera fue el mejor de todo el ciclo. “Jugamos como nunca y perdimos como siempre”, juramos con un par de amigos. La primera medida de esa debacle fue sacar a Riquelme. Y tuvo su costo.

Segundo porque la coyuntura le es favorable. El equipo mejoró, encontró algo de juego, empezó a no perder por mérito propio y falencia ajenas, y ganó lo que tenía ganar (2 a 0 River). Y encima tuvo la suerte de tapar todos sus pequeños problemas con las idas de uno de sus ídolos máximos y de su rival eterno.

Así llegó hasta hoy: regulando. Sabiendo que si no le hacen goles, con uno a favor podés ganar y como mucho no ganarás, no pondrás nada en juego, no arriesgarás para complacer la regla fundamental del juego (hacer goles) y no perderás. Y así lo hace, incluyó a Riquelme y consiguió una convivencia pacífica y sin problemas a la vista. A este ritmo Boca está a tres fechas de ser campeón.

Contra Rafaela el equipo me hizo acordar a algún pantallazo de algún partido de grupo de la Copa Libertadores. Con clima frío, no tanto por la temperatura ambiente sino por otros factores como el hecho de un barra juzgado y liberado volvió a ocupar una tribuna, y como debe ser cantó sus canciones no respetando las de maestros habituales de ceremonia, ni los acordes de la banda. Pero además porque lo jugadores entraron dormidos y yo también estaba recién despierto.

Después de que Rafaela no sorprendió Boca lo ganó. Blandi recibió lo que Mouche le tiró, tuvo fortuna, coraje y definió bien. Minutos más tarde, Chávez lo dejó habilitado y mano a mano con el arquero. 2 a 0. Jugando bien, por los costados, llegando con mucha gente, ocupando los espacios y pasando la pelota lo más cerca del piso posible. Pero como siempre, eso a los conjuntos que dirige Falcioni les dura un rato y empiezan a aburrir. Y dar vergüenza.

El domingo se caía a pedazos y el encuentro era su víctima. Se apagaba lentamente, cambiaron jugadores, prendí la computadora y esperé escuchar alguna exclamación del relator. Pero Boca solo se toma en serio la parte defensiva y ataca como puede, total es un papel de reparto en la estrategia. Chávez tuvo su premio con un buen pase de Clemente Rodríguez, pero la Crema reaccionó y con un tiro libre molesto llegó al gol, el tercero en contra para Boca. Gandín anotó con el partido terminado y en offside, Lunati lo terminó en 3 a 1, y Boca tomá una distancia determinante equivalente al 50% de los partidos por disputar.

Pero a mí no me van a convencer, yo miró fútbol porque me gusta el deporte, el juego, no el resultado final. Siempre que Boca juega quiero ganar, pero no siempre a como sea, igual que con la Selección. “El ganemos medio a cero con un gol de rodilla” dejémoslo para cuando sea necesario. Por eso uno ve al Barcelona o la Premier League y disfruta de un espectáculo. Porque juegan a hacer goles.

Boca tiene 17 a favor y 3 en contra, en las cuatro principales ligas europeas: Inglaterra, España, Italia y Alemania (orden impuesto por mí), con menos fechas ya hay más goles. El único que tiene 3 en contra tiene casi el doble a favor entonces está claro que hacen goles. Ganan e incluso algunos están invictos pero respetan el reglamento.

No exijo, señor Falcioni, que Boca juegue como el Barcelona de Guardiola, ni como ninguno de los principales equipos ingleses, no. Pero sí que seamos un poco más solidarios con el fútbol, con los espectadores, con los críticos, y con quien paga los sueldos. Usted posee los medios de producción, utilícelos para el bien común no para preservar su cargo. Juguemos más, seamos buenos y obliguemos a los demás a que lo sean. Si no voy a seguir sintiendo vergüenza.

*Para No sé que onda este chabón

martes, 25 de octubre de 2011

Fecha 12. Una menos*

Boca juega como mis equipos de Winning Eleven, cuando no está Riquelme aún más. Es un juego predecible, en el cual se puede saber el destino del próximo pase si se tiene una amplia visión del campo. No está mal esto, porque a pesar de que se puede adivinar una sucesión de pases, si ésta se hace bien puede que termine con éxito. Y hacerla bien significa doblegar al rival.

Bueno Boca lo hace, y lo hace muy bien muchas veces. Abre la cancha, vuelve al medio y vuelve a abrir, se le da el pase al compañero que pasa por atrás y se trata de terminar por el centro, muchas veces justamente con un centro. Y obvio Boca juega para atrás, y acá se diferencia de mi manera de jugar al Winning Eleven en que el equipo de verdad de cada 10 pelotas ocho las revolea gracias al arte del pelotazo ejecutado por los marcadores centrales, en mi caso esa proporción es al revés, porque sé que la pierdo y prefiero tenerla para hacer los goles yo.

Pero volvamos a Boca. Líder del torneo con cierta comodidad, sólido defensivamente (y en todas sus líneas también), compacto, ordenado, ofensivo y encima no se equivoca mucho. Única falencia: la falta de gol. Al ser un equipo tan táctico, genera situaciones varias pero no del todo claras, aprovecha las justas y necesarias y termina penando.

Esa regularidad mezclada con la falta de Román y el ingreso de Chávez hicieron del partido con Colón un vertiginoso intercambio de acciones (y pelotazos). Boca hizo el gol antes de los 20, como en tantos otros partidos, y los justificó después, dejó pocos espacios atrás, y pudo aumentar…pero hasta los 60 el palo, el arquero, Mouche y otras impericias se lo negaron.

Y cuando los fantasmas se empezaban a poner el traje, el señor Mouche tomó la pelota en tres cuartos de cancha volcado hacia la izquierda hizo todo lo que no tenía que hacer: correr en horizontal sumando marcas, entró al área ya del lado derecha, se la tiró a Blandi, y paz. 2 a 0, con jugadas parecidas y una sensación de tranquilidad poco habitual.

Desde allí Boca pudo ampliar la ventaja y Colón buscó, y busco para tratar de vender de manera digna su derrota y las últimas chances de sumarme a los que pelean en la parte alta de la tabla de posiciones.

Para destacar hay que mencionar que Erviti jugó de 3 más tiempo que Clemente, que se fue mucho para arriba y el ex Banfield -con alguna molestia física- fue su guardaespaldas. Funcionó. Chávez cumplió y demostró que puede jugar por Rivero, aunque Falcioni no va a tocar su esquema defensivo, y Blandi hizo goles (lo que tiene que hacer cualquier 9) y eso siempre es bueno.

El resto afinó, acompañó sin miramientos y garantizó el éxito colectivo. Boca avanza por el campeonato, sereno, con un estilo definido, ratos de buen fútbol, solidez y sin errores. O sea: Boca avanza hacia el campeonato sin obstáculos.

*Para No sé que onda este chabón