lunes, 22 de marzo de 2010

Enérgico, como Juan el maestro chino

Bueno, volví. No sé a ciencia cierta por cuanto tiempo, pero volví. Tal vez esta temática me lleve a ser constante y actualiza este blog más seguido. Vamos a la acción.

Desde hace algún tiempo trabajo en un periódico universitario gratuito. En el cumplen funciones algunos personajes de los más variados, y esto hace que todos los días ocurren cosas extraordinarias (literalmente).

Un lunes la señorita Luci (quien es la revisora ortográficogramaticalperiodísticosintácticoetcetc de la publicación) explica que Tiburones (o sea yo, un redactor de la sección que hace que el diario sea universitario) y El Vieja (un editor de temas políticos e internacionales) teníamos la voz bastante destruida y pregunta: “¿qué hicieron el fin de semana? ¡Quedaron hechos mierda!”. Tomo la voz cantante y respondo: “nada, sólo estamos un poco resfriados”. El Vieja me da la razón. Luci, entonces, nos propone tomar alguna aspirina o medicamento a fin para poder sentirnos más saludables, y acá empieza la acción.

Ante el ofrecimiento de Luci, y sabiendo lo divertido que es molestarla, le digo que esas pastillas son drogas. Ella, inocentemente, enfatiza: “NOOOOO”. Sí, devuelvo. Y agregó: “la medicina oriental, la cual utilizo, consiste en usar hierbas naturales para prevenir o curar malestares”, y no conforme continúo con una larga e inverosímil explicación acerca de que además es una cuestión energético/espiritual la que uno debe realizar para que las hierbas, a esta altura casi mágicas, hagan efecto. El Vieja, para darle un toque de misticismo, expone que “los que experimentamos la medicina oriental como nosotros somos seres divinos”. Luci mira duditativa, como siempre, y pregunta: “Y ¿qué se siente?”. Tiburones escupió: “nada”. El Vieja fue más profundo: “no se puede explicar, es un sentimiento, si vos no creés en esto no lo vas a entender”.

Entonces Luci se desespera y quiere darnos algunas sensaciones similares que vienen de la mano de la religión católica, a lo cual nosotros dijimos que era algo muy diferente porque ella habla desde occidente y nosotros desde oriente. Luego de varios minutos, y harta de dudar acerca de la veracidad, Luci pregunta cómo llegamos al maestro espiritual y cómo se llama. La respuesta fue simple: llegamos en bondi y se llama Juan. Y para darle un cierre, la pobre mujer preguntó si el té, que resulta de las hierbas, era rico, a lo cual no me quedó más remedio que decirle “según tu energía, a mi me encanta”.

Luci se fue y ahora habrá que recordar la historia para poder continuarla cuando sea necesario. Recordemos que El Vieja tiene una abuela que escapó del genocidio nazi con un número de prisionero tatuado y aún vive, y yo viví en una carpa durante unos meses porque me creía buda.