viernes, 30 de marzo de 2012

La gente no lo Silva

(Hoy vamos en vivo: se escribe sobre la plataforma y se publica)

Según Latorre Silva le compró unas materias a Riquelme.

Según Riquelme ganar con 11 es lo mismo que ganar con 10, "se siente igual".

Este cronista se convenció de que Boca contra Arsenal realmente salió a ganar. Jugó mejor con 10 que con 11, uso más su orgullo y uno puede ganar o perder pero no puede no dejarlo todo por el objetivo que se trazó, y el Boca que Falcioni respetó fue eso: amor propio.

Boca empezó como un león enjaulado. Encerrado por un equipo práctico, ordenado y riguroso. Boca se creía más y era menos. La responsabilidad de este desacople la pagó Somoza, el que debe, justamente, mantener el equilibrio. Amonestado por una pelota que Riquelme dejó escapar en el medio, se fue expulsado en el anochecer del primer tiempo por cortar un contraataque. Su previsible carrera hacía la despedida lo colocó como un martir, y con el resultado puesto eso se confirmó.

Sin su volante central, el equipo de Falcioni (hoy se llevó su primera ovación sincera) se ordenó de acuerdo a los recursos disponibles: los que estaban de alfiles pasaron de mariscales, y el todo en su conjunto se repartió el esfuerzo. Así, Boca logró tomar por asalto un partido que, por comprometido y trascendental, era de aquellos que se ganan con oficio y no con un planteo bien aplicado durante un período prolongado. Se gana en los 90 minutos.

Arsenal consiguió domesticar una animal, que lo midió y los sorprendió. Durante algo más de 30 minutos el visitante se encontró con la posibilidad de ejecutar un libreto para el que no había ensayado pero que se completaba perfectamente con su preparación.

Los de Alfaro jugaban a lo que les convenía con una libertad que no acostumbran. Y Boca se encerraba, hacía que su rival ejecutara las predicciones.

Pero como en las viejas batallas épicas de la Boca, si no aprovechás las oportunidades estás no se renuevan. Y el buen planteo se termina cuando las organización de individualidades afina. Y luego de una media hora en la que no quiso (y tal vez no supo) ganarlo, Arsenal se metió en problemas.

Con Ledesma - Erviti de doble cinco y el esfuerzo colectivo para cubrir los espacios libres, Riquelme encontró sintonía. El pase a Silva de la mita del primer tiempo fueron la señal de que la chica que te sonrió te está mirando.

Y empezaron los lentos, y volvió el concierto al templo. Boca sintió la "Canción de la Alegría" y salió en el segundo tiempo a buscar el final para este cuento errante. Silva bajó la pelota una vez más, aguantó la marca nuevamente y dejó a Riquelme con el arco a mano y Ledesma entrando por el medio.

Gol. Tras el rebote del arquero y la desconcentración del defensor: Ledesma hizo justicia divina.
De allí en más fue una muestra científica de oficio y carácter, de manchesterunitedtitis y mística copera. Falcioni no se achicó y siempre quiso ganarlo (algo raro en él). Sánchez Miñio por Mouche, con Riquelme y Silva arriba, Ledesma, Erviti y el recién ingresado en el medio más los cuatro del fondo, invitó al rival a pelear golpe por golpe. Y pegó.

Salió Román, cansado, aplaudido, figura. Dio nuevos signos de señoría. Fue hasta que salió el mejor. Allí apareció su ayudante de cátedra. El goleador que no hace goles, pero se los garantiza a sus camaradas. El jugador que aglutina la colectividad.

Fue Silva de pivot con Cvitanich para correr. Boca sostenía con bocanadas de humo un resultado necesario, pero un pelotazo para el pelado -que bajó (y viene bajando) todo lo que le cae cerca- con una pirueta premeditada enredó al defensor, lo encaró, lo mareó y luego de mirar a los costados, habilitó a Sánchez Miñio. La carrera al espacio exterior del juvenil terminó en gol.

Desde allí fue esperar el final. Salió Silva, la Bombonera dio su veredicto, Riquelme lo bendigo y los diarios lo mimaron.

Pero después de mucho tiempo importante es que Boca salió a ganar y ganó.

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