Me costó bastante, pero encontré la forma de volver. En un primer momento tenía una gran oportunidad para valerme del foto-periodismo como herramienta, pero el tiempo pasó. Hubo músicas ligeras, lluvias sobre mi, almas sin soldados, pumas victoriosos, exámenes muy íntimos y de más aventuras. Y si bien nunca me gustó mucho la tarea deportiva y menos me gusta tomar el rol de denunciante la situación lo amerita.
El domingo pasado (4/11/7) fui, como tantas otras veces, hasta Ciudad Universitaria a jugar al fútbol. Y como tantas otras veces, River jugaría de local y sus hinchas ingresarían por el predio de la UBA. No es la primera vez que esto sucede y no será la última, pero ya pasó algo como para tomar medidas que nos prevengan de futuros inconvenientes (nunca en Argentina se previene para no lamentar, es más fácil lamentar para tener un ejemplo).
Ya durante el súper-clásico tuve miedo de que algo (malo) ocurriera, son muchos hinchas los que pasan por los bordes de las canchas de Ciudad Universitaria y no hay ni policías ni seguridad alguna. Por lo cual no es demasiado difícil que alguien intente robar algo, o agredir a alguien. Pero por suerte ese día todo empezó y terminó con normalidad.
El domingo último pasado, las cosas empezaron con normalidad y terminaron antes de que realmente comenzaran. Mientras mi equipo y yo entrábamos en calor observamos una gran cantidad de hinchas atravesando el predio rumbo al estadio de River, situado del otro lado de la autopista Illia, lo cual nos motivó a corre nuestros bolsos a un lugar más seguro y vigilado por nuestro pequeño grupo de fieles seguidores. Acto seguido decidimos volver a nuestros movimientos pre-competitivos (algún periodista deportivo me contagió esta frase) cuando observamos la barbarie, lo inexplicable. Unos diez, tal vez veinte barras millonarios ingresaron a un de las canchas, donde un grupo de veteranos disputaba un partido, y empezaron a golpear a los jugadores mientras, también, robaban sus pertenencias. Este hecho motivó a la suspensión de la jornada. De más está aclarar que la policía apareció a los 15 minutos a ver si algo sucedía.
Este antecedente se suma al tiroteo entre la fracciones de la misma barra brava, ocurrido en este mismo lugar meses atrás. Lo cual no hace más que poner en evidencia la falta de organización de un operativo policial, que contaba con más de mil efectivos. Parece gracioso pensar que siendo Ciudad Universitaria un lugar histórico de encuentro de las gallinas, no se disponga poner seguridad. Nosotros, simples alumnos de la universidad pública, estudiantes de árbitros y organizadores de un torneo de fútbol (dejo afuera los familiares y acompañantes en general), no tenemos porque sufrir la violencia de estos inadaptados sociales, de los cuales no me importa el cuadro del cual sean hinchas, porque la violencia en el fútbol ocurre en todas las canchas y gente de esta calaña hay en todos lo clubes. Si bien, y por suerte, sólo hubo heridos leves, es inexplicable que en lo que debería ser un momento de entretenimiento, jugar el torneo de la UBA e ir a ver un espectáculo deportivo, se ponga en riesgo la integridad físicas de las personas.
Si esto va ser así mucho tiempo más, suspendamos el fútbol hasta que éste vuelve a ser un verdadero espectáculo al cual se pueda ir en familia. Si en última instancia miles de hinchas lo seguimos por TV, para eso vemos fútbol internacional y listo, algún bueno partido vamos a encontrar. Por último quiero aclarar que esta situación actual está íntimamente relacionada con la corrupción que domina al fútbol local, siempre encabezada por la impresentable gestión de Don Julio.
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